UN CURSO DE MILAGROS.
UN CURSO DE MILAGROS:Algunas de las ideas que el libro de ejercicios presenta te resultarán difíciles de creer, Nada de eso importa. Se te pide simplemente que las apliques tal como se te indique.No se te pide que las juzgues, Se te pide únicamente que las uses, Es usándolas como cobrarán sentido para tí y lo que te demostrará que son verdad.
domingo, 21 de julio de 2013
CAPÍTULO 26.-LA TRANSICIÓN. IV. EL LUGAR QUE EL PECADO DEJÓ VACANTE
IV.-EL LUGAR QUE EL PECADO DEJÓ VACANTE
En este mundo el perdón es el equivalente de lo que en el Cielo es la justicia. El perdón transforma el mundo del pecado en un mundo simple, en el que se puede ver el reflejo de la justicia que emana desde más allá de la puerta tras la cual reside lo que carece de todo límite.
No hay nada en el amor ilimitado que pudiese necesitar perdón. Y lo que en el mundo es caridad, más allá de la puerta del Cielo pasa a ser simple justicia. Nadie perdona a menos que haya creído en el pecado y aún crea que hay mucho por lo que él mismo necesita ser perdonado. El perdón se vuelve de esta manera el medio por el que aprende que no ha hecho nada que necesite perdón. El perdón siempre descansa en el que lo concede, hasta que reconoce que ya no lo necesita más.
De este modo, se le reinstaura a su verdadera función de crear, que su perdón le ofrece nuevamente.
El perdón convierte el mundo del pecado en un mundo de gloria, maravilloso de ver. Cada flor brilla en la luz, y en el canto de todos los pájaros se ve reflejado el júbilo del Cielo. No hay tristeza ni divisiones, pues todo se ha perdonado completamente. Y los que han sido perdonados no pueden sino unirse, pues nada se interpone entre ellos para mantenerlos separados y aparte. Los que son incapaces de pecar no pueden sino percibir su unidad, pues no hay nada que se interponga entre ellos para alejar a unos de otros. Se funden en el espacio que el pecado dejó vacante, en jubiloso reconocimiento de que lo que es parte de ellos no se ha mantenido aparte y separado.-
El santo lugar en el que te encuentras no es más que el espacio que el pecado dejó vacante.
En su lugar ves alzarse ahora la faz de cristo.El más alto de los altares se erige donde una vez se creyó reinaba el pecado. Y a él vienen todas las luces del Cielo, para ser reavivadas y para incrementar su gozo. Pues en este altar se les restituye lo que habían perdido y recobrar todo su fulgor.Los milagros que el perdón deposita ante las puertas del Cielo no son insignificantes. Aquí el Hijo de Dios Mismo viene a recibir cada uno de los regalos que lo acerca más a su hogar. Ni uno sólo de ellos se pierde, y a ninguno se le atribuye más valor que a otro. Cada uno de esos regalos le recuerda el amor de su padre en igual medida que el resto.Donde antes se percibía el pecado se alzará un mundo que se convertirá en el altar de la verdad, y allí te unirás a las luces del Cielo y entonarás con ellas su himno de gratitud y alabanza.Esa pequeña mácula de pecado que aún se interpone entre vosotros está demorando el feliz momento en el que las puertas del Cielo se abrirán.
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