UN CURSO DE MILAGROS.

UN CURSO DE MILAGROS:Algunas de las ideas que el libro de ejercicios presenta te resultarán difíciles de creer, Nada de eso importa. Se te pide simplemente que las apliques tal como se te indique.No se te pide que las juzgues, Se te pide únicamente que las uses, Es usándolas como cobrarán sentido para tí y lo que te demostrará que son verdad.

domingo, 21 de julio de 2013

LECCIÓN 186.-DE MI DEPENDE LA SALVACIÓN DEL MUNDO

LECCIÓN 186.-DE MI DEPENDE LA SALVACIÓN DEL MUNDO

Esta es la afirmación que algún día habrá de erradicar de toda mente todo vestigio de arrogancia.
Éste es el pensamiento de la verdadera humildad, que no te adjudica ninguna otra función excepto la que se te ha encomendado. Dicho pensamiento supone tu aceptación del papel que te fue asignado, sin insistir en que se te asigne otro. No se detiene a considerar qué papel es el que es adecuado para tí. Tan sólo reconoce que la Voluntad de Dios se hace tanto en la tierra como en el Cielo. Une a todas las voluntades de la tierra en el plan celestial para la salvación del mundo, y les restituye la paz del Cielo.No nos opongamos a nuestra función. No fuimos nosotros quienes la establecimos. No fue idea nuestra. Se nos han proporcionado los medios para llevarla a cabo perfectamente. Lo único que se nos pide es que aceptemos nuestro papel con genuina humildad, y que no neguemos con un aire de falsa arrogancia que somos dignos de él. Poseemos la fuerza necesaria para hacer lo que nos pide llevar a cabo. Nuestras mentes están perfectamente capacitadas para desempeñar el papel que nos asignó Uno que nos conoce bien. 
Lo único que dice es que tu Padre te recuerda todavía y te ofrece la perfecta confianza que tiene en tí, Su Hijo. No te pide que seas diferente de como eres en modo alguno. Hoy no dejaremos de cumplir nuestro cometido con la engañosa excusa de que es un insulto a la modestia. Es el orgullo el que se niega a responder a la Llamada del Propio Dios.
Hoy dejaremos a un lado todo vestigio de falsa humildad para escuchar la Voz de Dios revelarnos lo que desea que hagamos. No podremos en duda nuestra capacidad para llevar a cabo la función que  Él nos ofrezca. Sólo estaremos seguros de que Él conoce nuestras fuerzas, nuestra sabiduría y nuestra santidad. Y si Él nos considera dignos, es que lo somos. 












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